No me gusta la reelección, pero voy a votar por Santos porque no hay más…”. Esta expresión, recurrente en muchas conversaciones, expresa bien la desazón que produce la actual campaña presidencial. A pesar de contar con opciones, muchos sienten que elegirán un presidente por descarte.
Cualquiera habría pensado que la poca altura política de sus contrincantes, le sumaría a Santos el brillo necesario para triunfar sin esfuerzo. Sin embargo, contra todo pronóstico, la campaña de Santos emociona más por su habilidad para perder votos que para ganarlos ¿Cómo es posible que con todas las armas para ganar, Santos se eche a perder? Este es un fenómeno tan particular e inusual, que más parece digno de un psicoanálisis que de un examen político.
Coincido en que el problema de Santos es la comunicación. Pero no porque le falte comunicar su gestión ni porque la cuente mal, sino porque ha confundido la comunicación con el gobierno. Tal vez la comunicación le es muy útil a un candidato que aspire a ser presidente, pero para alguien que ya ha tenido esa oportunidad, la mejor comunicación es mostrar capacidad de gobierno.
Pese a esa evidente debilidad, los demás candidatos, ocupados en la tarea de contradecir a Santos, apenas si logran diferenciarse entre sí. Por esto, los electores no pueden captar los matices ideológicos que hay entre ellos y que son claves para identificarse con alguna propuesta.
¿Qué distingue programáticamente a Zuluaga, Peñalosa y Ramírez? Es tal su coincidencia ideológica que para muchos colombianos todos parecen eventuales fichas de Uribe y susceptibles de concurrir para la segunda vuelta.
El “todos contra Santos”, paradójicamente, le sirve más al Presidente que a sus opositores, pues su efecto inmediato es la dispersión de los votos y un desdibujamiento de la personalidad de los candidatos.
Así, se configura un escenario que para el elector no resulta nada seductor: votar por un Presidente que se empequeñece cada día o por cualquiera de los “demás”. Y cuando las posibilidades se cierran a “cualquiera”, da lo mismo apostar que no hacerlo.
Richard Tamayo N.
Docente y analista político” #xersey #justicia #elecciones #derecho